Las grandes empresas suelen contar con más recursos, capital e influencia para liderar reducciones significativas de emisiones. En reconocimiento a esto, la iniciativa Science Based Targets (SBTi) propone elevar el nivel de ambición para quienes tienen la capacidad de avanzar más rápido. Exploramos lo que implican las nuevas clasificaciones de Categoría A y B, incluidas en el borrador de la revisión del Estándar Corporativo Net Zero de SBTi, en términos de emisiones globales, reportes corporativos y colaboración entre empresas.
Contexto
La SBTi actualizó recientemente el borrador de la revisión de su Corporate Net Zero Standard. En este artículo exploramos una de sus propuestas clave: separar los criterios de establecimiento de objetivos según el tamaño y la ubicación de las empresas.
El borrador busca apoyar la descarbonización corporativa sin dejar de ser pragmático en sus expectativas respecto a los datos y al nivel de ambición. Algunos cambios facilitarán el establecimiento de objetivos y fomentarán una mayor adopción. También existe el riesgo de generar ambigüedad. En esta serie sobre los cambios propuestos por la SBTi, nuestros expertos analizan sus implicaciones y la delgada línea que existe entre mostrar pragmatismo en la descarbonización corporativa y salvaguardar las reducciones de emisiones a largo plazo.
Un problema de enfoque único para todos
El enfoque actual de la SBTi para clasificar a las empresas sigue un modelo binario: pequeñas y medianas empresas (PyMEs) versus no PyMEs. Aunque es una clasificación sencilla, esta distinción excesivamente simple pasa por alto la diversidad de tamaños de empresas y sus ubicaciones.
Agrupar a las pequeñas y medianas empresas no refleja sus distintas capacidades, ya que no todas enfrentan las mismas limitaciones. Las empresas medianas suelen contar con más recursos y mayor complejidad operativa que los pequeños negocios. De igual forma, una empresa manufacturera mediana en un país de ingreso bajo o medio bajo, como Camboya, puede enfrentar barreras significativamente mayores que una empresa del mismo tamaño en un país de ingreso alto como Singapur, con mejor acceso a financiamiento, tecnología y regulación.
Para abordar este desequilibrio, la SBTi considera establecer expectativas más matizadas según la escala de la empresa y su contexto geográfico. Su borrador de revisión del Estándar Corporativo de Net Zero propone un sistema de clasificación más estructurado, en el que las empresas se agrupan en Categoría A o Categoría B:
- La categoría A abarca a las empresas grandes o a las empresas medianas en países de ingreso alto, que se espera encabecen los esfuerzos de descarbonización.
- La categoría B incluye a las empresas medianas en países de ingreso medio y bajo. También cubre a las empresas pequeñas en todas las geografías. A estas empresas se les aplicarán requisitos de reporte menos estrictos.
De implementarse, habría umbrales claros para clasificar a las empresas como grandes, medianas o pequeñas, lo que determinaría si pertenecen a la Categoría A o a la Categoría B.
Las empresas grandes que cumplan con uno de los umbrales quedarán en la categoría A, mientras que las empresas pequeñas deberán cumplir con el umbral de emisiones y al menos otros dos umbrales para ubicarse en la categoría B. Las empresas medianas que cumplan con dos o más umbrales se ubicarán en una u otra categoría, según la ubicación de su oficina central.
A diciembre de 2025, ciento sesenta y ocho empresas de América Latina y el Caribe han validado objetivos de corto plazo basados en ciencia; hasta cuarenta empresas han validado tanto objetivos de corto como de largo plazo, con una predominancia en Brasil, México y Chile. De ellas, el setenta y tres por ciento quedaría en la categoría A. Puede parecer un número pequeño, pero la mayoría son algunas de las empresas más influyentes de la región, entre ellas Natura and Co, Citrosuco Agroindustria S.A., Ambev S.A., América Móvil, Coca Cola FEMSA, CEMEX, Aceros AZA, Arauco y Concha y Toro.
¿Qué implicaría esto en la práctica?
Al clasificar a las empresas en categorías, la SBTi redefiniría sus expectativas respecto al establecimiento de metas. Las empresas de Categoría A tendrían que demostrar una mayor responsabilidad y acelerar sus acciones, ya que estarían sujetas a requisitos más rigurosos:
- Alcance 1: objetivos obligatorios de corto y largo plazo.
- Alcance 2: objetivos obligatorios de corto y largo plazo.
- Alcance 3: objetivos obligatorios de corto plazo para los productos básicos o actividades, como cemento, acero, aluminio y actividades FLAG, que representen más del cinco por ciento de las emisiones del Alcance 3. Los objetivos de largo plazo son opcionales.
Para las empresas de Categoría B, sin embargo, el enfoque está en la acción a corto plazo, ya que se benefician de un marco más flexible:
- Alcance 1: objetivos obligatorios de corto plazo. Las empresas con más del cinco por ciento de sus emisiones provenientes de actividades de alta intensidad emisora, como la industria pesada y el transporte, así como las empresas que utilicen el enfoque de Plan de Descarbonización de Activos, deberán establecer un objetivo de largo plazo.
- Alcance 2: objetivos obligatorios de corto plazo, con objetivos de largo plazo opcionales.
- Alcance 3: completamente opcional.
Esta clasificación puede resultar más efectiva para empresas en países de ingresos bajos, ya que evita sobrecargarlas. Incluso las compañías medianas en estos países —cuyas economías suelen depender de sectores intensivos en carbono como la minería, la agricultura y la manufactura— suelen operar con recursos técnicos y financieros limitados. Al ubicarlas en la Categoría B, con un enfoque en las fuentes de emisiones directas y controlables (Alcance 1 y 2), pueden avanzar de manera significativa en la descarbonización de corto plazo, mientras desarrollan gradualmente la capacidad para abordar las emisiones de Alcance 3.
El papel del involucramiento de proveedores
Reconociendo las disparidades de recursos, el borrador de revisión de la SBTi recomienda que las empresas de Categoría A apoyen activamente los esfuerzos de descarbonización de las empresas de Categoría B. Esto incluye apoyo financiero, iniciativas de fortalecimiento de capacidades y transferencia de tecnología y conocimiento.
En muchos casos, las empresas de Categoría B son parte integral de las cadenas de valor de las de Categoría A, particularmente en industrias pesadas, uso de suelo y extracción de recursos, sectores que suelen enfrentar mayores barreras para la descarbonización. Por lo tanto, las empresas de Categoría A tienen tanto la influencia, como la responsabilidad y, en muchos casos, los recursos para impulsar un cambio sistémico.
Al involucrar y apoyar a sus proveedores a lo largo de la cadena de valor, las empresas de Categoría A pueden abordar sus emisiones de Alcance 3 mientras permiten que las de Categoría B se enfoquen en la reducción de sus emisiones de Alcance 1 y 2. Para fomentar esta colaboración, la mejor práctica es que las empresas de Categoría A establezcan programas de involucramiento de proveedores que ayuden a los principales socios a desarrollar capacidades en huella de carbono, definición de objetivos e identificación de oportunidades de mitigación.
El enfoque de Carbon Trust
Al alejarse de un modelo único para todos, el borrador de revisión de la SBTi representa un cambio hacia un enfoque más equitativo y efectivo en materia de rendición de cuentas climática, uno que reconoce las distintas capacidades de las empresas según su región y tamaño, y que promueve un mayor involucramiento corporativo. De este modo, alinea la ambición con la capacidad y la realidad económica, allanando el camino para una acción climática más inclusiva y con mayor impacto.
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